Volvió a suspirar pesadamente. Era la tercera
vez que expulsaba el aire de esa manera tan abrupta y es que… ¿por qué los
dioses lo odiaban tanto? ¿Que había hecho él para merecerse esto? Se miró
nuevamente las manos suspirando por enésima vez, mientras veía caer la lluvia,
lentamente.
Odiaba el karma, odiaba a las mujeres y
odiaba a las mujeres cuando cumplían la ley del maldito karma… ¿Qué culpa
tendría él de haber sido un mujeriego en su otra vida? ¿Por qué narices ahora,
se le aparecía una mujer que le insinuaba que le haría pagar todos sus pecados?
¿Era esa la explicación del porqué solo llevaba dos telas en forma de
taparrabos?
Tuvo ganas de maldecir a Odín, Thor, Loki y
cualquier ser energético que se le ocurriera. Estaba casi desnudo, pasando un frío
considerable –teniendo en cuenta que el tiempo de cosechas había pasado y por
ende, empezaba a nevar – cansado después de una ardua batalla contra los gigantes
y de muy mal humor. Una ráfaga de viento helado pasó por su lado haciendo que
el joven guerrero estornudara.
-Gracias Thor – agradeció irónicamente – seré
el mejor de los guerreros, con el mayor de los refriados inventados en la
historia
Intentó refugiarse en un puente cerca del
lugar donde se había formado un pequeño charco. Al menos no entraba el aire
invernal y la lluvia había dejado de mojarle la piel. Miró al charco viéndose a
sí mismo; la barba dorada mojada y apagada, los ojos azules tapados por las
ojeras y bolsas, los cabellos rubio parecían ceniza apagada con agua y sus músculos
tiritaban de frio.
Maldita bruja enloquecida. Por culpa de su estúpida
creencia en que debía de limpiarse de todos los defectos impuros de su vida
anterior, había decidido envenenarlo para arrastrarlo, literalmente, al centro
del bosque donde caía el mayor temporal jamás documentado.
¿Cómo mierdas pensaba esa mujer, que acabaría
con sus pecados dejándose mojar por el agua que caía de los cielos? ¿y si en
vez de ser Thor quien enviara el temporal y lo purificara de paso, era Loki, quien
como buen bromista –por llamarlo de una forma suave – le encantaba hacer
virguerías, había decidido mearse en su cara mientras él creía que se limpiaba?
Por amor de los dioses, ahora blasfemaba. Respiró
hondo nuevamente y sorbió un poco por la nariz, más por inercia que por
necesidad. Había empezado a sentir que los brazos se entumecían y el calor
corporal iba disminuyendo… habría matado a la malnacida… si esta no hubiera
sido su esposa.
Sí, lo sabía, era un estúpido de cuidado. No debía
de haberse casado con una mujer de fuera de su poblado y más aun, una mujer que
no compartiera sus mismas creencias, adorando por tanto a otros dioses. ¿Cómo narices
iba a saber él que ella tenía creencia en una diosa de la reencarnación que te
liberaba de todo mal?
Oh… pero aun así… valía la pena pensar en eso
y en cualquier otra cosa por la menuda de su mujer. Le había dado un par de
gemelos hermosos y el tercero venía de camino… su cara de niña, sus ojos
grandes negros, su piel blanquecina, su larga melena azabache, su… su gran carácter,
sus chillidos incontrolables, sus ganas de convertir a todo ser viviente en su
misma religión…
Sacudió la cabeza, si seguía pensando de esa
manera, no solo la mataría sino que disfrutaría con ello. Se pasó la mano por
los cabellos instintivamente, provocando que algo de calor corporal se escapara
y reaccionara mediante un nuevo estornudo. Maldijo por lo bajo mientras se
encogía aun más y cerraba los ojos al ver que la lluvia y la nieve no daban
tregua.
Sintió algo caliente en su espalda y abrió
los ojos cansadamente. En frente había un cuerpo menudo, con una sonrisa de
arrepentimiento y unos ojos tristes. Él se levantó, cogió la manta y se la puso
a modo de capa. La miró a los ojos esperando alguna reacción pero ella tan solo
apartó la mirada.
-He pensado que tendrías frio – habló, sin
embargo, la pequeña mujer
-Ya… bueno, un vikingo nunca tiene frío –
ella lo miró elocuentemente – pero aun así… está bien
-Bueno pues… sino necesitas nada más… - la
mujer dio media vuelta y se dispuso a salir cuando sintió una mano suetando su
brazo
-Espera mujer, aun no ha aminorado el
temporal – sentenció el guerrero haciendo que ella entrara dentro del puente. Después
de un rato de silencio, el hombre volvió a coger aire – Yo… em… creo… que ya
estamos bien ¿no?
-¿Qué quieres decir?
-Bueno que… ya está todo arreglado. Ya puedo
ir a dormir a casa.
-Eso ni lo sueñes – sentenció la mujer- sigo
esperando algún tipo de disculpa por lo de antes.
-No me pienso disculpar por algo que no he hecho,
fue en mi otra vida y ni siquiera tú tienes constancia de ello – el guerrero le
sacó la lengua y se dio la vuelta, dejando a la mujer impresionada.
- Y dale la cabra al monte… ¿solo te has
quedado con eso verdad? – el vikingo se giró pausadamente mirándola con recelo –
Ulf… no te he echado de casa por tu vida pasada, estás cogiendo frío por cómo
has hablado esta noche.
- Solo he dicho que la buena vida se
correspondía de una buena lucha, una buena comida y…
- Y una buena puta – sentenció la mujer,
dejando a su marido sorprendido – Ulf, venimos de mundos diferentes y aunque lo
consideres estúpido a mi no me gustan que me comparen con una puta. Soy tu
mujer y eso hasta un bárbaro como tú lo debe de tener claro. – Ulf bajó la mirada – Además está penado por
mi religión el tener pensamientos impuros con cualquier ser de la tierra
-Esa diosa tuya nos va a matar a todos –
habló por lo bajo pero lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara
-¿Pero qué blasfemias dices? Dios no es una
mujer. En el mundo cristiano, solo tenemos un ser espiritual, no necesitamos
más.
-Pues si no es mujer… tiene sus días contados en estas tierras. Espero
que nuestros hijos no elijan tu “Dios” porque seguro acabaran en la horca o con
las alas de ángel hechas a sus espaldas.
-Ulf… Dios es benevolente y bueno… no dejará
que nada malo les pase a nuestros hijos – le cogió el brazo y lo levó con ella
hasta el filo de la cubierta del puente – volvamos a casa – Ulf asintió dejándose
llevar por su esposa hacia su caliente hogar.
Sonrió de medio lado, la benevolencia de su
esposa, podía hacer sombra a cualquier ser que intentara igualarla. Pero aun
así, dudaba mucho que un dios con el corazón y los sentimientos de una mujer
pudieran aguantar las arduas batallas de los dioses vikingos. Que Thor lo
acogiera en sus brazos.
Bien, aquí dejo el corto de hoy, ambientado en siglos pasados y con un panorama de lluvia como el que tengo yo hoy aquí.
Espero que sea de vuestro agrado y no olvidéis dejar algún tipo de comentario.
Muchas gracias
Merlyn