domingo, 15 de septiembre de 2013

Anillo bañado en ron

Sabía las ganas terribles que tenía de beber algún liquido y dejar que su garganta se nutriera de algo más que de su espesa saliva. Había conseguido relajar a su desbocado corazón, el cual bombeaba en todo su ser, pareciendo el ritmo de una marcha militar.
Las pupilas las tenía dilatadas y sentía todas las extremidades entumecidas, algunas dolían por la posición en la que lo habían colocado hacia unos momentos. El sudor, el líquido de las lágrimas y algo de sangre recorrían su cuerpo, el cual se encontraba completamente rígido. Hizo una mueca de dolor al intentar mover su hombro.
-Mierda – siseó, mientras se frotaba el hombro y las muñecas – odio cuando me ata – sentenció sobándose las extremidades.
No sabía si era de día o de noche, pues las ventanas estaban tintadas de un extraño color negro por donde no se podía ver más que el mismo reflejo. Se levantó con cuidado de la especie de cama en la que estaba postrado y se dirigió al ventanal cerrado observando su cuerpo en el reflejo.
-Aún así, no estoy nada mal – habló mientras su reflejo le mostraba una sonrisa descarada. Sus labios carnosos favorecían a que este simple acto fuera de lo más sexy visto jamás. El cabello largo atado a una coleta baja, desliñado pero brillante, enmarcaba una cara algo cuadrada, con ojos verdes lima y una nariz recta. El torso del muchacho, cubierto por ciertas zonas de bello y otras de heridas y arañazos, era todo musculo. Los pectorales estaban en su mejor forma y se podía confundir una tableta de chocolate con su torso.
Las piernas largas, eran escondidas por un desdeñado y roto pantalón negro que dejaba entre ver los bien formados músculos de las piernas. Se giró levemente sin apartar la vista del cristal y se miró el trasero. Asintió, estaba en la misma posición en la que lo había dejado la noche anterior.
Volvió al lecho y suspiró. Odiaba que lo encerrara y que lo maltratara de aquella manera. Realmente ¿Qué mierdas había hecho él para estar aquí? Sabía que quien lo mantenía aquí encerrado quería vengarse de algo que él o alguien de su alrededor había hecho, ya que así se lo había aclarado… pero ¿Por qué? Que él recordara no había hecho nada fuera de lo común, es decir, no había matado a nadie que no se lo mereciera o que se pusiera en su camino. ¡Por Neptuno! ¡Sí incluso había dejado de cortejar a las mujeres desde hacía años!
Mirando el espejo, recordó lo que había acontecido meses atrás. Él, el gran Roshkevik Blake, Pirata experto, Don Juan confirmado y renegado permanente, había conseguido uno de los mayores tesoros jamás habidos. Había estado muy escondido por todos, como todos los tesoros, pero la recompensa que había recibido por tenerlo, merecía la pena.
Fuera posible, que el mismo tesoro fuera requerido por los captores que lo tenían preso. Odiaba cuando alguien quería arrebatarle algo y este captor en particular, arremetería con todas sus fuerzas por conseguir el objetivo, pero a Roshkevik Blake nada ni nadie podía destrozar su armadura.
-Hou, hou, hou, marinero de agua dulce – habló una voz simulando ser aguda, mientras la puerta se abría dejando paso a su captor – veo que los años no han pasado para ti, amigo mío
-Dudo mucho que todo este jueguecito sea para verme, dime ¿qué quieres? – Blake miró al captor de arriba abajo. Estaba enfundado en una especie de túnica marrón con la que se tapaba de pies a cabeza
-Sabes que es lo que quiero – aun con la cabeza tapada, el pirata pudo ver como el interlocutor sonreía descaradamente, con un aire de niñez – tienes algo que me pertenece y ese algo sino me lo entregas por las buenas, juro por la ninfa Calipso que perecerás de la peor forma posible, así que entrégamelo
Blake calló ante la orden, pero lo miraba con un cierto aire burlón. ¿Quién se creía que era para darle ordenes? Sabía que odiaba que lo atasen y que odiaba que lo humillasen, sobretodo alguien como
-A que esperas Blake, no tengo todo el maldito día – interrumpió sus pensamientos
-Sácate la túnica, no hablo con ropajes flotantes – el captor lo miró y rió suavemente al ver la cara de enfado que este tenía – ¿a qué estás esperando? – la sonrisa del extraño se anchó y se quitó la pesada túnica.

Los ojos negros brillaron en cuanto se quitó la prenda. Aunque no había signos de amistad en ellos sino más bien, de sed de venganza. El captor tenía el cabello largo pero suelto, cayendo por la espalda desnuda, pues no tenía ningún pudor en mostrar sus atributos y menos delante de él. Lo único que eran tapados eran los pies por unas botas negras.
-¿Por qué tienes esa cara? – Blake sabía lo que le esperaba. No estaba bien hacer que se enfadara pero era la única manera de salir de esa situación – no pensarás que me intimidas, pues he visto muchos de esos en mis largos viajes, incluso he probado algunos.
-¿Qué será lo que tú no hayas probado Blake? Sabemos que los marineros tienen tendencias algo adversas y contraproducentes para el hombre de a pie. Cualquier personaje es una sirena.
-No estás aquí para que admire tus atributos Sam – el pirata desvió la mirada, pues contra su voluntad y su orgullo, no quería que viera que se estaba excitando. Odiaba cuando lo controlaba así.
-Yo no he dicho tal cosa – sonrió de una forma grotesca y posó las manos en las caderas – solo te digo que quiero lo que me pertenece
-Tú no harías buen uso de él – sentenció el pirata
-¿Y tú sí? Seguramente lo perderás en alguna apuesta o con alguna mujerzuela del tres al cuarto – su voz sonaba más irritada.
-Dejé las mujerzuelas hace años y tú deberías saberlo – el pirata se acercó pero Sam sacó un puñal de una de  las botas y se lo alzó a la altura de la garganta y espero. Blake se quedó inmóvil rápidamente – No serás capaz de utilizar eso en contra mía
-¿Qué te apuestas?
-Y luego qué Sam, ¿dejarás a Ash solo? Sabes que necesita cuidados especiales y si yo no estoy ahí lo pasará muy mal allí – señaló el suelo simulando la planta baja – bájalo, no vale la pena
Sam lo miró con los ojos entrecerrados y suspiró, no podía contra ese hombre. Ya se lo habían dicho en el pueblo, era un maldito manipulador y un estúpido engreído. Bajó el arma y esperó, mientras su mente intentaba idear más de mil maneras de matarlo. Pero antes de llegar a alguna clara, Blake se había abalanzado sobre su persona, haciendo que cayeran y rodaran por el suelo.
Lo que en un principio parecía que era una lucha incansable por la supervivencia y el honor, poco después se fue transformando en un simple juego de niños, donde las risas se dejaban escapar de vez en cuando. El arma cayó debajo de la cama y Sam debajo de Blake, haciendo que sus ojos chocaran haciendo una mezcla perfecta entre la menta y el chocolate. Blake presionó los brazos de Sam en el suelo y miró intensamente al captor.
-¿Se acabó el juego? –Blake sonrió de manera arrogante y besó los labios de Sam deleitándose por cada rincón que escondía la cavidad bucal.
-Para Ros – sentenció Sam – Ash estará a punto de subir y no nos puede ver así
-Por Dios, Ashley está curada de espantos, no ves que vivimos en un mundo sin moralidad
-Me alegro que pienses así, pues qué si tu hija al final se convierte en una mujerzuela de las que tu hace meses te beneficiabas
- Eso nunca pasará – Blake se levantó y ayudó a que Sam se levantara – Mi hija no será una mujerzuela como tampoco lo es su madre – repasó de arriba abajo a Sam – tápate o no podré contenerme mujer.
-Me gusta más cuando me llamas Sam, Samantha o mujer son muy despectivos, Ros – mientras hablaba tapó sus atributos femeninos con la sábana del lecho – no entenderé nunca porque tienes las ventadas tintadas, es muy lúgubre
-Estoy perseguido por la justicia, esposa mía, sobre todo después de robarle un a un lord su prometida y casarme con ella – le dio un beso en la nariz alegre y juguetón, le encantaba esa mujer.
-Hablando de esposas – le tendió la mano derecha mientras con la izquierda se tapaba con la sabana – aun lo estoy esperando – Blake sonrió y sacó de su bolsillo el pequeño anillo plateado con una esmeralda incrustada en el medio.
-Tenía que arreglarlo, gracias a él, tú estás aquí conmigo- se lo puso en el dedo y besó la mano – pero te advierto de una cosa, no me vuelvas a atar, odio que lo hagas
-Odias sucumbir a los encantos de una mujer querido – besó su mejilla rasposa por la barba de tres días y sonrió – ves a buscar a la niña, está deseando verte – antes de que pudieran hacer algo más, la puerta se abrió y entro una pequeña con el cabello castaño y ojos verdes
-¡Papi! – saltó a sus brazos y lo abrazó. Blake abrazó a la pequeña y se fue a la cama junto a su mujer, sentándose en el respaldo de la pared poniendo a su niña en su regazo mientras su mujer se recargaba en su hombro.

La estampa por la que estaba rodeado era la mejor de su vida. Sus dos amores más recientes pero más verdaderos lo cuidaban y lo rodeaban de un amor que nunca hubiera podido imaginar. Puede que estuviera buscado por la justicia, que su oficio no fuera ejemplar o que simplemente su carácter fuera muy especial. Pero para una vez que se le había dado la oportunidad de amar y ser amado ¿Cómo iba a desperdiciarla?

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En fin después de un tiempo largo sin aualizar, me vuelvo a poner manos a la obra, con esta nueva historieta. Espero que os agrade y si os apetece, dejad algun mensaje con vuestra opisión. Muchisimas gracias ^^