domingo, 15 de septiembre de 2013

Anillo bañado en ron

Sabía las ganas terribles que tenía de beber algún liquido y dejar que su garganta se nutriera de algo más que de su espesa saliva. Había conseguido relajar a su desbocado corazón, el cual bombeaba en todo su ser, pareciendo el ritmo de una marcha militar.
Las pupilas las tenía dilatadas y sentía todas las extremidades entumecidas, algunas dolían por la posición en la que lo habían colocado hacia unos momentos. El sudor, el líquido de las lágrimas y algo de sangre recorrían su cuerpo, el cual se encontraba completamente rígido. Hizo una mueca de dolor al intentar mover su hombro.
-Mierda – siseó, mientras se frotaba el hombro y las muñecas – odio cuando me ata – sentenció sobándose las extremidades.
No sabía si era de día o de noche, pues las ventanas estaban tintadas de un extraño color negro por donde no se podía ver más que el mismo reflejo. Se levantó con cuidado de la especie de cama en la que estaba postrado y se dirigió al ventanal cerrado observando su cuerpo en el reflejo.
-Aún así, no estoy nada mal – habló mientras su reflejo le mostraba una sonrisa descarada. Sus labios carnosos favorecían a que este simple acto fuera de lo más sexy visto jamás. El cabello largo atado a una coleta baja, desliñado pero brillante, enmarcaba una cara algo cuadrada, con ojos verdes lima y una nariz recta. El torso del muchacho, cubierto por ciertas zonas de bello y otras de heridas y arañazos, era todo musculo. Los pectorales estaban en su mejor forma y se podía confundir una tableta de chocolate con su torso.
Las piernas largas, eran escondidas por un desdeñado y roto pantalón negro que dejaba entre ver los bien formados músculos de las piernas. Se giró levemente sin apartar la vista del cristal y se miró el trasero. Asintió, estaba en la misma posición en la que lo había dejado la noche anterior.
Volvió al lecho y suspiró. Odiaba que lo encerrara y que lo maltratara de aquella manera. Realmente ¿Qué mierdas había hecho él para estar aquí? Sabía que quien lo mantenía aquí encerrado quería vengarse de algo que él o alguien de su alrededor había hecho, ya que así se lo había aclarado… pero ¿Por qué? Que él recordara no había hecho nada fuera de lo común, es decir, no había matado a nadie que no se lo mereciera o que se pusiera en su camino. ¡Por Neptuno! ¡Sí incluso había dejado de cortejar a las mujeres desde hacía años!
Mirando el espejo, recordó lo que había acontecido meses atrás. Él, el gran Roshkevik Blake, Pirata experto, Don Juan confirmado y renegado permanente, había conseguido uno de los mayores tesoros jamás habidos. Había estado muy escondido por todos, como todos los tesoros, pero la recompensa que había recibido por tenerlo, merecía la pena.
Fuera posible, que el mismo tesoro fuera requerido por los captores que lo tenían preso. Odiaba cuando alguien quería arrebatarle algo y este captor en particular, arremetería con todas sus fuerzas por conseguir el objetivo, pero a Roshkevik Blake nada ni nadie podía destrozar su armadura.
-Hou, hou, hou, marinero de agua dulce – habló una voz simulando ser aguda, mientras la puerta se abría dejando paso a su captor – veo que los años no han pasado para ti, amigo mío
-Dudo mucho que todo este jueguecito sea para verme, dime ¿qué quieres? – Blake miró al captor de arriba abajo. Estaba enfundado en una especie de túnica marrón con la que se tapaba de pies a cabeza
-Sabes que es lo que quiero – aun con la cabeza tapada, el pirata pudo ver como el interlocutor sonreía descaradamente, con un aire de niñez – tienes algo que me pertenece y ese algo sino me lo entregas por las buenas, juro por la ninfa Calipso que perecerás de la peor forma posible, así que entrégamelo
Blake calló ante la orden, pero lo miraba con un cierto aire burlón. ¿Quién se creía que era para darle ordenes? Sabía que odiaba que lo atasen y que odiaba que lo humillasen, sobretodo alguien como
-A que esperas Blake, no tengo todo el maldito día – interrumpió sus pensamientos
-Sácate la túnica, no hablo con ropajes flotantes – el captor lo miró y rió suavemente al ver la cara de enfado que este tenía – ¿a qué estás esperando? – la sonrisa del extraño se anchó y se quitó la pesada túnica.

Los ojos negros brillaron en cuanto se quitó la prenda. Aunque no había signos de amistad en ellos sino más bien, de sed de venganza. El captor tenía el cabello largo pero suelto, cayendo por la espalda desnuda, pues no tenía ningún pudor en mostrar sus atributos y menos delante de él. Lo único que eran tapados eran los pies por unas botas negras.
-¿Por qué tienes esa cara? – Blake sabía lo que le esperaba. No estaba bien hacer que se enfadara pero era la única manera de salir de esa situación – no pensarás que me intimidas, pues he visto muchos de esos en mis largos viajes, incluso he probado algunos.
-¿Qué será lo que tú no hayas probado Blake? Sabemos que los marineros tienen tendencias algo adversas y contraproducentes para el hombre de a pie. Cualquier personaje es una sirena.
-No estás aquí para que admire tus atributos Sam – el pirata desvió la mirada, pues contra su voluntad y su orgullo, no quería que viera que se estaba excitando. Odiaba cuando lo controlaba así.
-Yo no he dicho tal cosa – sonrió de una forma grotesca y posó las manos en las caderas – solo te digo que quiero lo que me pertenece
-Tú no harías buen uso de él – sentenció el pirata
-¿Y tú sí? Seguramente lo perderás en alguna apuesta o con alguna mujerzuela del tres al cuarto – su voz sonaba más irritada.
-Dejé las mujerzuelas hace años y tú deberías saberlo – el pirata se acercó pero Sam sacó un puñal de una de  las botas y se lo alzó a la altura de la garganta y espero. Blake se quedó inmóvil rápidamente – No serás capaz de utilizar eso en contra mía
-¿Qué te apuestas?
-Y luego qué Sam, ¿dejarás a Ash solo? Sabes que necesita cuidados especiales y si yo no estoy ahí lo pasará muy mal allí – señaló el suelo simulando la planta baja – bájalo, no vale la pena
Sam lo miró con los ojos entrecerrados y suspiró, no podía contra ese hombre. Ya se lo habían dicho en el pueblo, era un maldito manipulador y un estúpido engreído. Bajó el arma y esperó, mientras su mente intentaba idear más de mil maneras de matarlo. Pero antes de llegar a alguna clara, Blake se había abalanzado sobre su persona, haciendo que cayeran y rodaran por el suelo.
Lo que en un principio parecía que era una lucha incansable por la supervivencia y el honor, poco después se fue transformando en un simple juego de niños, donde las risas se dejaban escapar de vez en cuando. El arma cayó debajo de la cama y Sam debajo de Blake, haciendo que sus ojos chocaran haciendo una mezcla perfecta entre la menta y el chocolate. Blake presionó los brazos de Sam en el suelo y miró intensamente al captor.
-¿Se acabó el juego? –Blake sonrió de manera arrogante y besó los labios de Sam deleitándose por cada rincón que escondía la cavidad bucal.
-Para Ros – sentenció Sam – Ash estará a punto de subir y no nos puede ver así
-Por Dios, Ashley está curada de espantos, no ves que vivimos en un mundo sin moralidad
-Me alegro que pienses así, pues qué si tu hija al final se convierte en una mujerzuela de las que tu hace meses te beneficiabas
- Eso nunca pasará – Blake se levantó y ayudó a que Sam se levantara – Mi hija no será una mujerzuela como tampoco lo es su madre – repasó de arriba abajo a Sam – tápate o no podré contenerme mujer.
-Me gusta más cuando me llamas Sam, Samantha o mujer son muy despectivos, Ros – mientras hablaba tapó sus atributos femeninos con la sábana del lecho – no entenderé nunca porque tienes las ventadas tintadas, es muy lúgubre
-Estoy perseguido por la justicia, esposa mía, sobre todo después de robarle un a un lord su prometida y casarme con ella – le dio un beso en la nariz alegre y juguetón, le encantaba esa mujer.
-Hablando de esposas – le tendió la mano derecha mientras con la izquierda se tapaba con la sabana – aun lo estoy esperando – Blake sonrió y sacó de su bolsillo el pequeño anillo plateado con una esmeralda incrustada en el medio.
-Tenía que arreglarlo, gracias a él, tú estás aquí conmigo- se lo puso en el dedo y besó la mano – pero te advierto de una cosa, no me vuelvas a atar, odio que lo hagas
-Odias sucumbir a los encantos de una mujer querido – besó su mejilla rasposa por la barba de tres días y sonrió – ves a buscar a la niña, está deseando verte – antes de que pudieran hacer algo más, la puerta se abrió y entro una pequeña con el cabello castaño y ojos verdes
-¡Papi! – saltó a sus brazos y lo abrazó. Blake abrazó a la pequeña y se fue a la cama junto a su mujer, sentándose en el respaldo de la pared poniendo a su niña en su regazo mientras su mujer se recargaba en su hombro.

La estampa por la que estaba rodeado era la mejor de su vida. Sus dos amores más recientes pero más verdaderos lo cuidaban y lo rodeaban de un amor que nunca hubiera podido imaginar. Puede que estuviera buscado por la justicia, que su oficio no fuera ejemplar o que simplemente su carácter fuera muy especial. Pero para una vez que se le había dado la oportunidad de amar y ser amado ¿Cómo iba a desperdiciarla?

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En fin después de un tiempo largo sin aualizar, me vuelvo a poner manos a la obra, con esta nueva historieta. Espero que os agrade y si os apetece, dejad algun mensaje con vuestra opisión. Muchisimas gracias ^^

martes, 9 de abril de 2013

Las lágrimas de la bruja






Sentía la boca seca aunque la lluvia mojara su cara. Sus manos y pies estaban entumecidos por el fuerte lazo que los enredaba y la piel había comenzado a adquirir un cierto tono azul propio de lo que ahora llamaríamos hipotermia. Sus ojos color miel, habían perdido el brillo que se caracterizaba y las grandes ojeras que los adornaban le hacían perder la poca belleza que quedaban en ellos. Sus pómulos habían desaparecido y su cara, antaño adornada por unos grandes labios carnosos y una redondez enternecedora, se encontraba con unos labios pálidos y secos  y un mentón que parecía más bien una punta de un triangulo.
Intentó formar algo de saliva en su boca pastosa, al no conseguirlo abrió un poco los labios y saco la lengua blanca, dejando que algunas gotas de agua cayeran lentamente, refrescando la cavidad bucal. Un latigazo le hizo gritar de dolor y doblarse hacia atrás mientras era estirada por el pelo castaño y sin brillo por uno de los monjes que la llevaba presa. Escuchaba algo de que no debía beber lo que el gran Detiroz[1] regalaba a los buenos de corazón y que los seguidores de Radamintas[2] debían ser eliminados.
El dolor y la poca alimentación hacían que sus sentidos dejaran de funcionar en leves lapsus de tiempo, haciendo que perdiera la consciencia por pocos segundos. Volvió en sí, sintiendo como tiraban de su cabello y hacían que caminara dando zancadas. Tosió sintiendo la garganta áspera mientras el poco aire que entraba por los pulmones le pinzaba en todo su ser. Le escocían las heridas de su espalda, perfectamente elaboradas por el nuevo juguete de los Tzarishak[3], un látigo de cuero con diferentes dientes de cocodrilo incrustados a lo largo de su estructura y con dos esferas perfectas de lo que parecía ser zarinio, metal que siempre ardía lloviera o nevara.  
Las heridas habían sido impregnadas por un mejunje a base de pimienta, sal, aceite y ruda, provocando un escozor insoportable incluso para el héroe de cualquier historia. La piel parecía que quemara, deseando que al reo le dieran ganas de arrancársela de cuajo. El mejunje, junto al fuego del zarino hacía que le fuera insoportable tan siquiera intentar respirar. Sin saber cómo había llegado a la pila de troncos puestos de manera estratégica.

-Estamos hoy aquí para devolver esta alma impura al infierno de donde pertenece. Thidaira, has sido acusada del uso malintencionado de los dones que te entregó Aliz, diosa maga hija de nuestro gran señor Detiroz. Por haber embrujado a la reina Sahira quien había sido encontrada desnuda desmayada en brazos del conde Kiron. Por haber utilizado las artes mágicas para tu uso y beneplácito haciendo que las tierras del conde Shiman y el conde Kiron perdieran propiedades para la cosecha y por haber embrujado al que es ahora tu marido Hardblack con quien tuviste tu hija Thadaria – Thidaira abrió los ojos ante el nombramiento de su hija y la vio en brazos de su marido – como portadora del mal de Radamintas, también será purificada –abrió los ojos desmesuradamente.

-Se…señor – Thidaira habló forzando muchísimo la garganta – por favor, señor, yo soy la única – tosió dolorosamente – soy la única culpable. Por favor… mi hija es tan pura como cualquier otro niño

-¡Silencio! Thidaira has sucumbido a las artes de Radamintas y tu estatus de sacerdotisa, junto a tu pureza, murieron en ese mismo instante – la voz de ultratumba resonaba en los oídos de la muchacha, de no más de 28 años – esa cosa, es tan pura como tú… sucia ramera

-Hardblack, por favor… - miró a los ojos de su marido, pero este tenía la cara desencajada, los ojos verdes se veían inquietos y el labio era mordido levente – por favor… llévatela – el hombre vio a otro a su lado, con ropas de un fino y caro tejido de colores dorados y blancos impolutos. Tenía el pelo canoso y corto. Más bien obeso la cara estaba completamente redonda y de un color rosado, denotando su gran salud. El hombre lo miraba con una cara desquiciada y sus ojos eran rojos como la sangre. Le enseñó un saco pequeño de color marrón donde podía intuirse que dentro habría una abúndate soborno. Thidaira contuvo la respiración, pues ella vio lo mismo – no… por favor – susurró temiéndose lo que iba a pasar

-No puedo tener a mi cargo un ser del mal, Radamintas entró en tu cuerpo y me usó para crear esto – alzó al bebé de tan solo seis meses quien había empezado a llorar al sentir la lluvia en la cara – esto, se irá al infierno contigo Thidaira.

-¡No! –chilló la muchacha, recuperando fuerzas que ni sabía que tuviera. Forcejeó con el verdugo que la sostenía e intentó abalanzarse contra su marido - ¡Tú, maldito desgraciado! ¡Serás capaz de matar a tu propia hija por unas cuantas monedas de oro! ¡Maldigo el día en el que te conocí! ¡Maldigo el maldito día en el que naciste! ¡Bicho repúgnate que no sirve para nada! ¡Suelta a mi hija! – el verdugo tiró con todas sus fuerzas de las cuerdas para sujetar a la enloquecida mujer. Necesitó la ayuda de tres hombres más para poder detenerla y que no matara con sus pequeñas manos al marido asustadizo. La lluvia se hizo más intensa y los rayos iluminaban el cielo dando la sensación de que había un sol reluciente a cada segundo.

-Aquí lo ven, pueblo de Reishkuf, Radamintas le ha dado la fuerza suficiente para intentar matar a su propio marido ¿Qué nos hará a nosotros si la soltamos?  - la gente empezó a murmullar y a separarse de la mujer dejando una separación circular alrededor de ella – enciendan la pira - uno de los monjes se acercó un zarinio colgando de un pequeño hilo de cobre y lo acercó a las ramas mojadas, quienes empezaron a arder dejando ver una llama azulada característica del mineral – traed al bebé.

Mientras Hardblack llevaba a su hija a manos del tzarishak, Thidaira gritaba y forcejeaba contra los tres hombres que la tenían sujeta, rasgando la piel de sus muñecas. Su cuerpo se congeló cuando vio como aquel hombre, que se creía con el poder del gran señor Detiroz, acercaba el cuerpo de su pequeña a la pira, hacia una seña pareciendo una circunferencia con una cruz dentro y la tiraba dentro. El fuego envolvió el pequeño cuerpo dejando ir un humo grisáceo casi blanquecino. El bebé lloraba intensamente mientras la joven madre chillaba pidiendo ayuda a algún aldeano para que sacara a la pequeña de allí dentro. El hedor a carne quemada, pelo, ropa junto a los llantos del bebé hicieron que el silencio abundara en la muchedumbre. Pasado un cuarto de hora, Thadaira había dejado de llorar provocando un grito ensordecedor de la madre, quien se derrumbó en el suelo mientras lloraba amargamente.

 -Traed a la puta – volvió a romper el silencio sepulcral el tzarishak. Entre el verdugo y un monje, levantaron a la mujer como si fuera una pluma y la pusieron delante de él. Este hizo el mismo símbolo y señaló que la metieran dentro de la pira. El verdugo aporreó las dos rodillas de la joven con un gran mazo hasta que escuchó un crujido. Luego la tiró dentro del fuego que había quemado a su hija. La mujer chillaba de dolor físico y emocional, atinando a acercarse entre las llamas a los restos de su pequeño bebé y llorando desesperadamente. Mientras se quemaba su cuerpo, dejó de llorar y chillar y alzó el rostro mirándolos a todos.

-Reishkuf, habéis sido condenados al haber matado a esta alma pura. Vosotros, quienes erais elegidos por Detiroz, habéis sucumbido al mal y a la discordia de Radamintas. Habéis firmado vuestra sentencia, pues ya nuestro señor dejará de escucharos. ¡Que las tinieblas que habéis invocado con vuestras acciones os atormenten por toda la eternidad, a vosotros y vuestras familias por siempre! – Un rayo dorado cayó en la pira, haciendo que el fuego cambiara de color a uno verdoso con tonos dorados. La mujer dejó de hablar, dando un último grito de dolor, retumbando por todo el lugar para luego dejarse caer en las llamas.

Apareció encima del fuego, la figura de una mujer de esbelta figura, con cabellos azabaches recogidos en un moño perfecto. Vestía una túnica blanca con dejes dorados a las mangas y un cinturón del mismo color. Tenía una tiara en la frente con el símbolo que la identificaba como la diosa de la benevolencia y de la guerra justa. Descendió hasta las llamas y cogió el cuerpo carbonizado de Thidaira y le tocó la frente, haciendo que saliera un ser vaporoso de la misma apariencia que la joven mujer. Soltó el cuerpo y metió el alma en una especie de medallón verde con pequeños diamantes incrustados.

 -Habéis sido maldecidos por la única hija que he tenido, hija que me habéis matado. Todas sus palabras serán cumplidas, pues yo Aliz, me ocuparé de ello personalmente. Aunque yo, añadiré algo más: nunca, en ningún concepto, sangre de Reishkuf será libre, será feliz o será bendecida. Puesto que si sois capaces de hacer esto a un bebé – señaló los trapos de lo que sería su nieta – sois capaces de hacer cualquier cosa. De ahora en adelante se os eliminan las riquezas – chasuqeó los dedos haciendo que los hombre que antes sonreían, se atemorizaran al perder las ropas y las monedas – el poder, las tierras y todas las posesiones por las que habéis creído ser mejor que nosotros. Que el peso de la muerte de mi hija se cierne sobre vosotros en forma de desgracia. Así es decretado en el nombre de Detiroz – la mujer se volvió luz verdosa y desapareció de la vista de los habitantes de Reishkuf quienes miraban la pira con miedo.

Poco después, la isla de Reishkuf fue asaltada y conquistada por unos barbaros del norte, quienes mataron o hicieron prisioneros a los hombres, violaron a las mujeres, los niños fueron vendidos como esclavos y saquearon las tierras. El pueblo que acabó con el poder de la isla se llamó Thidairek y su jefe, Thidor, fue uno de los más severos reyes que los habitantes de la isla habían tenido.
Para quien le interese, Hardblack, fue uno de los hombres que habían sido prisionero y vendido como esclavo para luego ser asesinado por el hijo de su dueño, que quiso practicar el tiro de jabalina con carne humana.

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[1] Dios primario, creador
[2] Hermano de Detiroz, dios de la maldad
[3] Inquisidor


martes, 5 de marzo de 2013

Lluvia filosófica


Volvió a suspirar pesadamente. Era la tercera vez que expulsaba el aire de esa manera tan abrupta y es que… ¿por qué los dioses lo odiaban tanto? ¿Que había hecho él para merecerse esto? Se miró nuevamente las manos suspirando por enésima vez, mientras veía caer la lluvia, lentamente.
Odiaba el karma, odiaba a las mujeres y odiaba a las mujeres cuando cumplían la ley del maldito karma… ¿Qué culpa tendría él de haber sido un mujeriego en su otra vida? ¿Por qué narices ahora, se le aparecía una mujer que le insinuaba que le haría pagar todos sus pecados? ¿Era esa la explicación del porqué solo llevaba dos telas en forma de taparrabos?
Tuvo ganas de maldecir a Odín, Thor, Loki y cualquier ser energético que se le ocurriera. Estaba casi desnudo, pasando un frío considerable –teniendo en cuenta que el tiempo de cosechas había pasado y por ende, empezaba a nevar – cansado después de una ardua batalla contra los gigantes y de muy mal humor. Una ráfaga de viento helado pasó por su lado haciendo que el joven guerrero estornudara.
-Gracias Thor – agradeció irónicamente – seré el mejor de los guerreros, con el mayor de los refriados inventados en la historia
Intentó refugiarse en un puente cerca del lugar donde se había formado un pequeño charco. Al menos no entraba el aire invernal y la lluvia había dejado de mojarle la piel. Miró al charco viéndose a sí mismo; la barba dorada mojada y apagada, los ojos azules tapados por las ojeras y bolsas, los cabellos rubio parecían ceniza apagada con agua y sus músculos tiritaban de frio.
Maldita bruja enloquecida. Por culpa de su estúpida creencia en que debía de limpiarse de todos los defectos impuros de su vida anterior, había decidido envenenarlo para arrastrarlo, literalmente, al centro del bosque donde caía el mayor temporal jamás documentado.
¿Cómo mierdas pensaba esa mujer, que acabaría con sus pecados dejándose mojar por el agua que caía de los cielos? ¿y si en vez de ser Thor quien enviara el temporal y lo purificara de paso, era Loki, quien como buen bromista –por llamarlo de una forma suave – le encantaba hacer virguerías, había decidido mearse en su cara mientras él creía que se limpiaba?
Por amor de los dioses, ahora blasfemaba. Respiró hondo nuevamente y sorbió un poco por la nariz, más por inercia que por necesidad. Había empezado a sentir que los brazos se entumecían y el calor corporal iba disminuyendo… habría matado a la malnacida… si esta no hubiera sido su esposa.
Sí, lo sabía, era un estúpido de cuidado. No debía de haberse casado con una mujer de fuera de su poblado y más aun, una mujer que no compartiera sus mismas creencias, adorando por tanto a otros dioses. ¿Cómo narices iba a saber él que ella tenía creencia en una diosa de la reencarnación que te liberaba de todo mal?
Oh… pero aun así… valía la pena pensar en eso y en cualquier otra cosa por la menuda de su mujer. Le había dado un par de gemelos hermosos y el tercero venía de camino… su cara de niña, sus ojos grandes negros, su piel blanquecina, su larga melena azabache, su… su gran carácter, sus chillidos incontrolables, sus ganas de convertir a todo ser viviente en su misma religión…
Sacudió la cabeza, si seguía pensando de esa manera, no solo la mataría sino que disfrutaría con ello. Se pasó la mano por los cabellos instintivamente, provocando que algo de calor corporal se escapara y reaccionara mediante un nuevo estornudo. Maldijo por lo bajo mientras se encogía aun más y cerraba los ojos al ver que la lluvia y la nieve no daban tregua.
Sintió algo caliente en su espalda y abrió los ojos cansadamente. En frente había un cuerpo menudo, con una sonrisa de arrepentimiento y unos ojos tristes. Él se levantó, cogió la manta y se la puso a modo de capa. La miró a los ojos esperando alguna reacción pero ella tan solo apartó la mirada.
-He pensado que tendrías frio – habló, sin embargo, la pequeña mujer
-Ya… bueno, un vikingo nunca tiene frío – ella lo miró elocuentemente – pero aun así… está bien
-Bueno pues… sino necesitas nada más… - la mujer dio media vuelta y se dispuso a salir cuando sintió una mano suetando su brazo
-Espera mujer, aun no ha aminorado el temporal – sentenció el guerrero haciendo que ella entrara dentro del puente. Después de un rato de silencio, el hombre volvió a coger aire – Yo… em… creo… que ya estamos bien ¿no?
-¿Qué quieres decir?
-Bueno que… ya está todo arreglado. Ya puedo ir a dormir a casa.
-Eso ni lo sueñes – sentenció la mujer- sigo esperando algún tipo de disculpa por lo de antes.
-No me pienso disculpar por algo que no he hecho, fue en mi otra vida y ni siquiera tú tienes constancia de ello – el guerrero le sacó la lengua y se dio la vuelta, dejando a la mujer impresionada.
- Y dale la cabra al monte… ¿solo te has quedado con eso verdad? – el vikingo se giró pausadamente mirándola con recelo – Ulf… no te he echado de casa por tu vida pasada, estás cogiendo frío por cómo has hablado esta noche.
- Solo he dicho que la buena vida se correspondía de una buena lucha, una buena comida y…
- Y una buena puta – sentenció la mujer, dejando a su marido sorprendido – Ulf, venimos de mundos diferentes y aunque lo consideres estúpido a mi no me gustan que me comparen con una puta. Soy tu mujer y eso hasta un bárbaro como tú lo debe de tener claro.  – Ulf bajó la mirada – Además está penado por mi religión el tener pensamientos impuros con cualquier ser de la tierra
-Esa diosa tuya nos va a matar a todos – habló por lo bajo pero lo suficientemente alto como para que ella lo escuchara
-¿Pero qué blasfemias dices? Dios no es una mujer. En el mundo cristiano, solo tenemos un ser espiritual, no necesitamos más.
-Pues si no es mujer…  tiene sus días contados en estas tierras. Espero que nuestros hijos no elijan tu “Dios” porque seguro acabaran en la horca o con las alas de ángel hechas a sus espaldas.
-Ulf… Dios es benevolente y bueno… no dejará que nada malo les pase a nuestros hijos – le cogió el brazo y lo levó con ella hasta el filo de la cubierta del puente – volvamos a casa – Ulf asintió dejándose llevar por su esposa hacia su caliente hogar.
Sonrió de medio lado, la benevolencia de su esposa, podía hacer sombra a cualquier ser que intentara igualarla. Pero aun así, dudaba mucho que un dios con el corazón y los sentimientos de una mujer pudieran aguantar las arduas batallas de los dioses vikingos. Que Thor lo acogiera en sus brazos.


Bien, aquí dejo el corto de hoy, ambientado en siglos pasados y con un panorama de lluvia como el que tengo yo hoy aquí.

Espero que sea de vuestro agrado y no olvidéis dejar algún tipo de comentario.
Muchas gracias

Merlyn

lunes, 4 de marzo de 2013

Sueños de pesadilla


Abrió los ojos verdosos pesadamente enfocando la mirada hacia un punto inconcluso de la habitación. Sus brazos y piernas empezaban a coger movilidad poco a poco y su boca estaba algo seca.

Sacó de las sabanas su pequeño cuerpo envuelto en un pijama de franela color azul pastel y se recogió el pelo castaño con una goma del pelo. Estiró los brazos mientras lanzaba un largo pero inaudible bostezo estirando sus músculos y los huesos, consiguiendo que estos últimos formaran una sinfonía completa de Mozart tocada solo con percusión.  Sonrió de satisfacción y se levantó del cómodo colchón con cuidado de no despertar a quien tenía a su lado. Se puso sus zapatillas de cabeza de gatito y se acercó a él para besarle en la mejilla derecha, expuesta hacia ella, y tocarle la cara suavemente.

Sintió la barba de dos días hacerle cosquillas bajo su mano, provocándole una sonrisa dulzona. No entendía lo empalagosa que se había vuelto gracias a ese hombre, pero volvió a besarle la mejilla y lo arropó con  todo el amor del mundo para después dejarlo en los mundos de Morfeo.
Seguida de Thena, su husky guardián, abrió la puerta de madera encontrándose un estudio algo amplio, con dos estanterías llenas de libros a los lados, un color anaranjado en las paredes, dos muebles repletos de cajones y un escritorio lleno de libros, papeles y un ordenador de mesa. Se sentó en la silla giratoria y encendió el ordenador para releer el archivo que le había cambiado la vida.

Desde que creó ese libro, su vida había dado un giro de 180º volviendo su mundo patas arriba. Pasó de ser una mujer solitaria aficionada a los libros soñando en ser la heroína de sus historias a ser la protagonista de una, mucho más emocionante y excitante de las que había leído. Gracias a ese libro, se había ganado un sueldo, había conseguido esa maravillosa casa, se había casado con un hombre maravilloso y tenía una perrita a la que quería con locura.

El archivo se abrió devolviendo a la mujer al mundo real enseñándole las pequeñas primeras palabras que cambiaron su vida. Las leyó y releyó sintiendo como nuevamente se le llenaba el estomago de mariposas aun sabiendo cuales eran las palabras que venían después, la emoción se hacía palpable y se acercaba cada vez más hacia la pantalla. Le encantaba el prólogo…

Todos los seres soñamos… todos los seres humanos soñamos con ser alguien… todos los seres humanos soñamos con ser alguien importante para los demás… por tanto… yo no soy humano. Mi vida siempre se ha basado en ser una sombra, donde nada ni nadie me localice ni me reconozca. Sangro como todos, envejezco como todos… pero no vivo como todos. Para seguir el mito, me muevo por la noche, pues es cuando las criaturas que vosotros no conocéis y no debéis conocer salen a la luz… de la luna. Pero… ¿Qué pasaría si yo me tomara unas vacaciones? ¿Tan malo sería que esos seres vieran la luz de día? Pues ese es mi sueño… sueño que se convertirá en tu pesadilla…”

No entendía por qué el género vampírico o el mundo tenebroso podía ser tan exitoso entre la gente… ¿les gustaba tener miedo? ¿Querían vivir asustados por toda la eternidad? Posiblemente, pero lo que sí sabía es que, después de que ella se cogiera esas merecidas vacaciones para escribir su vida, vendiéndola como un cuento de fantasía, el mundo vampírico había intentado reagruparse y volver a la carga, para convertir a los humanos en una presa suculenta. Por desgracia… ella ya no podía hacer nada, pues ya tenía suficiente dinero como para vivir por toda la eternidad…

Una pena que su sueño se transformara en pesadilla para millones de personas…
En fin… volvió a releer el prólogo, admirando la obra de arte, su obra de arte.
-Un muy buen trabajo… si señora.

Este es uno de los pocos textos que aparecen en mi mente después de observar una hoja en blanco durante horas. Soy Merlyn Morrigan y me dedico a escribir desde que mi imaginación ganó a mi memoria. He ganado diferentes premios (pues algunos han creído que valía para esto) cosa que ha hecho que fomente mis ganas de escribir (craso error).

Me he dedicado sobretodo, ha hacer relatos de temática fantástica o romántica, aunque los tenebrosos y tristes son una de mis especialidades. En este blog, sin embargo, la temática será libre para que aquellos quienes lo lean se sientan identificados al menos con el género, si es que las palabras no les llegan al alma.
Espero de todo corazón que sea de vuestro agrado y que no dudéis en dejar vuestros comentarios, puesto que, ya que escribo para vosotros, me gustaría saber que acogida tiene.

Muchísimas gracias ante todo, por haber llegado hasta aquí y no haber cerrado la página al leer las primeras líneas.
Disfrutad y soñad.