Sabía las ganas terribles que tenía de beber algún liquido y
dejar que su garganta se nutriera de algo más que de su espesa saliva. Había
conseguido relajar a su desbocado corazón, el cual bombeaba en todo su ser,
pareciendo el ritmo de una marcha militar.
Las pupilas las tenía dilatadas y sentía todas las
extremidades entumecidas, algunas dolían por la posición en la que lo habían
colocado hacia unos momentos. El sudor, el líquido de las lágrimas y algo de
sangre recorrían su cuerpo, el cual se encontraba completamente rígido. Hizo
una mueca de dolor al intentar mover su hombro.
-Mierda – siseó, mientras se frotaba el hombro y las muñecas
– odio cuando me ata – sentenció sobándose las extremidades.
No sabía si era de día o de noche, pues las ventanas estaban
tintadas de un extraño color negro por donde no se podía ver más que el mismo
reflejo. Se levantó con cuidado de la especie de cama en la que estaba postrado
y se dirigió al ventanal cerrado observando su cuerpo en el reflejo.
-Aún así, no estoy nada mal – habló mientras su reflejo le
mostraba una sonrisa descarada. Sus labios carnosos favorecían a que este
simple acto fuera de lo más sexy visto jamás. El cabello largo atado a una
coleta baja, desliñado pero brillante, enmarcaba una cara algo cuadrada, con
ojos verdes lima y una nariz recta. El torso del muchacho, cubierto por ciertas
zonas de bello y otras de heridas y arañazos, era todo musculo. Los pectorales
estaban en su mejor forma y se podía confundir una tableta de chocolate con su
torso.
Las piernas largas, eran escondidas por un desdeñado y roto
pantalón negro que dejaba entre ver los bien formados músculos de las piernas.
Se giró levemente sin apartar la vista del cristal y se miró el trasero.
Asintió, estaba en la misma posición en la que lo había dejado la noche
anterior.
Volvió al lecho y suspiró. Odiaba que lo encerrara y que lo
maltratara de aquella manera. Realmente ¿Qué mierdas había hecho él para estar
aquí? Sabía que quien lo mantenía aquí encerrado quería vengarse de algo que él
o alguien de su alrededor había hecho, ya que así se lo había aclarado… pero
¿Por qué? Que él recordara no había hecho nada fuera de lo común, es decir, no
había matado a nadie que no se lo mereciera o que se pusiera en su camino. ¡Por
Neptuno! ¡Sí incluso había dejado de cortejar a las mujeres desde hacía años!
Mirando el espejo, recordó lo que había acontecido meses
atrás. Él, el gran Roshkevik Blake, Pirata experto, Don Juan confirmado y
renegado permanente, había conseguido uno de los mayores tesoros jamás habidos.
Había estado muy escondido por todos, como todos los tesoros, pero la
recompensa que había recibido por tenerlo, merecía la pena.
Fuera posible, que el mismo tesoro fuera requerido por los
captores que lo tenían preso. Odiaba cuando alguien quería arrebatarle algo y
este captor en particular, arremetería con todas sus fuerzas por conseguir el
objetivo, pero a Roshkevik Blake nada ni nadie podía destrozar su armadura.
-Hou, hou, hou, marinero de agua dulce – habló una voz
simulando ser aguda, mientras la puerta se abría dejando paso a su captor – veo
que los años no han pasado para ti, amigo mío
-Dudo mucho que todo este jueguecito sea para verme, dime
¿qué quieres? – Blake miró al captor de arriba abajo. Estaba enfundado en una
especie de túnica marrón con la que se tapaba de pies a cabeza
-Sabes que es lo que quiero – aun con la cabeza tapada, el
pirata pudo ver como el interlocutor sonreía descaradamente, con un aire de
niñez – tienes algo que me pertenece y ese algo sino me lo entregas por las
buenas, juro por la ninfa Calipso que perecerás de la peor forma posible, así
que entrégamelo
Blake calló ante la orden, pero lo miraba con un cierto aire
burlón. ¿Quién se creía que era para darle ordenes? Sabía que odiaba que lo
atasen y que odiaba que lo humillasen, sobretodo alguien como
-A que esperas Blake, no tengo todo el maldito día –
interrumpió sus pensamientos
-Sácate la túnica, no hablo con ropajes flotantes – el
captor lo miró y rió suavemente al ver la cara de enfado que este tenía – ¿a
qué estás esperando? – la sonrisa del extraño se anchó y se quitó la pesada
túnica.
Los ojos negros brillaron en cuanto se quitó la prenda.
Aunque no había signos de amistad en ellos sino más bien, de sed de venganza.
El captor tenía el cabello largo pero suelto, cayendo por la espalda desnuda,
pues no tenía ningún pudor en mostrar sus atributos y menos delante de él. Lo
único que eran tapados eran los pies por unas botas negras.
-¿Por qué tienes esa cara? – Blake sabía lo que le esperaba.
No estaba bien hacer que se enfadara pero era la única manera de salir de esa
situación – no pensarás que me intimidas, pues he visto muchos de esos en mis
largos viajes, incluso he probado algunos.
-¿Qué será lo que tú no hayas probado Blake? Sabemos que los
marineros tienen tendencias algo adversas y contraproducentes para el hombre de
a pie. Cualquier personaje es una sirena.
-No estás aquí para que admire tus atributos Sam – el pirata
desvió la mirada, pues contra su voluntad y su orgullo, no quería que viera que
se estaba excitando. Odiaba cuando lo controlaba así.
-Yo no he dicho tal cosa – sonrió de una forma grotesca y
posó las manos en las caderas – solo te digo que quiero lo que me pertenece
-Tú no harías buen uso de él – sentenció el pirata
-¿Y tú sí? Seguramente lo perderás en alguna apuesta o con
alguna mujerzuela del tres al cuarto – su voz sonaba más irritada.
-Dejé las mujerzuelas hace años y tú deberías saberlo – el
pirata se acercó pero Sam sacó un puñal de una de las botas y se lo alzó a la altura de la
garganta y espero. Blake se quedó inmóvil rápidamente – No serás capaz de
utilizar eso en contra mía
-¿Qué te apuestas?
-Y luego qué Sam, ¿dejarás a Ash solo? Sabes que necesita
cuidados especiales y si yo no estoy ahí lo pasará muy mal allí – señaló el
suelo simulando la planta baja – bájalo, no vale la pena
Sam lo miró con los ojos entrecerrados y suspiró, no podía
contra ese hombre. Ya se lo habían dicho en el pueblo, era un maldito
manipulador y un estúpido engreído. Bajó el arma y esperó, mientras su mente
intentaba idear más de mil maneras de matarlo. Pero antes de llegar a alguna
clara, Blake se había abalanzado sobre su persona, haciendo que cayeran y
rodaran por el suelo.
Lo que en un principio parecía que era una lucha incansable
por la supervivencia y el honor, poco después se fue transformando en un simple
juego de niños, donde las risas se dejaban escapar de vez en cuando. El arma
cayó debajo de la cama y Sam debajo de Blake, haciendo que sus ojos chocaran
haciendo una mezcla perfecta entre la menta y el chocolate. Blake presionó los
brazos de Sam en el suelo y miró intensamente al captor.
-¿Se acabó el juego? –Blake sonrió de manera arrogante y
besó los labios de Sam deleitándose por cada rincón que escondía la cavidad
bucal.
-Para Ros – sentenció Sam – Ash estará a punto de subir y no
nos puede ver así
-Por Dios, Ashley está curada de espantos, no ves que
vivimos en un mundo sin moralidad
-Me alegro que pienses así, pues qué si tu hija al final se
convierte en una mujerzuela de las que tu hace meses te beneficiabas
- Eso nunca pasará – Blake se levantó y ayudó a que Sam se
levantara – Mi hija no será una mujerzuela como tampoco lo es su madre – repasó
de arriba abajo a Sam – tápate o no podré contenerme mujer.
-Me gusta más cuando me llamas Sam, Samantha o mujer son muy
despectivos, Ros – mientras hablaba tapó sus atributos femeninos con la sábana
del lecho – no entenderé nunca porque tienes las ventadas tintadas, es muy
lúgubre
-Estoy perseguido por la justicia, esposa mía, sobre todo
después de robarle un a un lord su prometida y casarme con ella – le dio un
beso en la nariz alegre y juguetón, le encantaba esa mujer.
-Hablando de esposas – le tendió la mano derecha mientras
con la izquierda se tapaba con la sabana – aun lo estoy esperando – Blake
sonrió y sacó de su bolsillo el pequeño anillo plateado con una esmeralda
incrustada en el medio.
-Tenía que arreglarlo, gracias a él, tú estás aquí conmigo-
se lo puso en el dedo y besó la mano – pero te advierto de una cosa, no me vuelvas
a atar, odio que lo hagas
-Odias sucumbir a los encantos de una mujer querido – besó
su mejilla rasposa por la barba de tres días y sonrió – ves a buscar a la niña,
está deseando verte – antes de que pudieran hacer algo más, la puerta se abrió
y entro una pequeña con el cabello castaño y ojos verdes
-¡Papi! – saltó a sus brazos y lo abrazó. Blake abrazó a la
pequeña y se fue a la cama junto a su mujer, sentándose en el respaldo de la
pared poniendo a su niña en su regazo mientras su mujer se recargaba en su
hombro.
La estampa por la que estaba rodeado era la mejor de su
vida. Sus dos amores más recientes pero más verdaderos lo cuidaban y lo
rodeaban de un amor que nunca hubiera podido imaginar. Puede que estuviera
buscado por la justicia, que su oficio no fuera ejemplar o que simplemente su
carácter fuera muy especial. Pero para una vez que se le había dado la
oportunidad de amar y ser amado ¿Cómo iba a desperdiciarla?
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En fin después de un tiempo largo sin aualizar, me vuelvo a poner manos a la obra, con esta nueva historieta. Espero que os agrade y si os apetece, dejad algun mensaje con vuestra opisión. Muchisimas gracias ^^

